Buenos Aires me mata...
Parece que perdí mi condición de argentina…Ahora mismo, para mis compatriotas soy “la española”, hace unos años era “la inglesa”…¿Desde cuándo el hecho de haber emigrado te cambia tu nacionalidad por la del nuevo país en el que vives? Y lo peor es que no lo dicen con recelo, sino con orgullo, como si me diera un estatus diferente… Bueno, para ciertas cosas, nomás.
Cada
vez que vuelvo, todo el mundo quiere saber cómo veo Buenos Aires y también las
diferencias con el lugar en el que vivo. Desde “¿qué sabor tiene la coca-cola
en España?” (sí, me lo han preguntado!) hasta ¿cómo encontrás la ciudad?”, la
gente me atiborra a preguntas, aunque muchas veces no les gustan mis
respuestas… Hablar sobre la coca-cola no tiene peligro, pero ya cuando entramos
en cómo veo a Buenos Aires, puede pasar cualquier cosa. Si la respuesta es
positiva, genial. Si digo lo que pienso (que es lo que suelo hacer, porque
nunca aprendo) no tengo derecho a opinar porque yo me fui y no soy muy distinta
de una desertora.
Lo cierto
es que veo a Buenos Aires de muchas maneras. Sus calles provocan en mi los
sentimientos contradictorios propios de la letra de un tango (lo que prueba que
la argentinidad sigue corriendo por mis venas).
Por un lado, me sigo deslumbrando con el estilo de vida, con sus barrios
increíbles y con la infinita oferta del original ocio que nos caracteriza y que
hasta ahora no encontré en ningún otro lugar. Por otro, me entristece
profundamente la marginalidad que encuentro en sus calles, el malhumor que se respira
en todos lados y la sensación de agobio que me produce estar en el mismo lugar,
doce años más tarde y escuchar los mismos argumentos para todo…
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