Amigos
Algunos
me preguntan cómo puedo cambiar tanto de país, cómo hago para dejar a mis amigos
atrás…Lo cierto es que mi vida es un poco como mi baulera. No tiene espacio
infinito, pero en ella caben las personas que valen la pena.
Dicen
que la amistad hay que nutrirla. Pero creo que eso se hace cuando uno comienza
una nueva amistad. Las personas que te marcan, cualquiera sea el motivo, quedan
tatuadas en tu vida para siempre, las veas o no.
Así, me
he reencontrado con una amiga venezolana que no veía hace diez años, y parecía
que no había pasado ni un día. O avisar que voy a Londres después de dos años y
reunirme en un bar con todos mis excompañeros
de trabajo, que tampoco ya se ven.
Algunos
a los que les perdí la pista en Estados Unidos un buen día me agregan al Facebook
y me recuerdan anécdotas que ya había olvidado. Y una de mis mejores amigas es
capaz de hacerse un viaje desde Patagonia sólo para que nos veamos una vez cada
seis años.
La
gente me pregunta si no me da miedo dejarlos ir, que se pierda lo que tenemos. Con
el paso de los años me he dado cuenta que “lo que tenemos” no se pierde, ya fue
adquirido, está para siempre fundido en la memoria y vuelve a resurgir cuando
la vida te lo permite. Cada nueva persona que conozco me enriquece. Pero
ninguno ocupa el lugar de otro, se van acomodando como un juego de tetris construyendo
los pilares de mi vida….
A todos mis amigos en cada rincón del mundo, gracias por formar parte de mi vida!